28 de febrero de 2009

Capítulo 25 - Volviendo a la realidad

Sílox estaba postrado, de nuevo, en la cama del hospital. Ahora parecía mucho más sensible que antes, como si se hubiera debilitado...

- Auri, no lo toques, cualquier alteración podría ser...
- Terrible, lo sé.

Y se volvió a sentar. Habían enfermeras por todas partes del hospital: traían enfermos, gritaban,... y esto ponía terriblemente nerviosos a Lid y a Auri. Tras el terremoto del encapuchado, algunos edificios de la ciudad habían sido devastados, y ahora había una actividad inmensa en el hospital.

De repente, los aparatos médicos denotaron que Sílox había muerto.

- ¡Un médico!
- ¡No!...

Auri pensaba que era el fin. Vinieron los médicos para revisarlo, y tras comprobarlo todo, llegaron a la conclusión de que Sílox había definitivamente muerto. Se lo iban a llevar, pero Lid se puso delante...

- Dejenme hacer algo antes de que se lo lleven- dijo
- Dese prisa, no tenemos todo el día, y menos con el follón este...
- Bien

Lid puso la mano en el cuerpo de Sílox. Hizo una busqueda separada para encontrar cuerpo y alma, pero solo estaba el cuerpo.

- Nos lo llevamos.
- No. Su cuerpo se viene con nosotros.
- Pero tenemos que registrar su muerte y buscar las...
- Mire, todo eso me parece muy bien, pero este chico no está muerto.
- Esta loco ¡Llévense el cuerpo del chico!

Lid miró a Auri, y está le cogió del brazo enseguida. Al instante, se desvanecieron de la habitación

- Malditos magos...

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- ¿Dónde...?
- Chico, tu cuerpo estaba listo para cruzar hacia el lado de la muerte. Con la derrota y el desgaste del cuerpo, me has demostrado que no estás preparado para esa vida.
- ¿Quién eres tú para juzgar sobre mi vida?¿Quién eres tú para quitarme a mis amigos?
- ¿Qué amigos?
- Lid y Auri, ¡claro!
- ¿Crees que ellos sontus amigos?
- ¡No me marees! No sé quién eres, pero te juro que cuando te encuentre...
- ¿Encontrarme?¿Tú?

Se escuchó una carcajada alrededor de toda la estancia.

- Mira chico, esos dos sólo te quieren usar como herramienta para su único fin.
- ¿Qué?
- No estás atento a los sucesos, ¿verdad? Es cierto que tu alma tiene unas cualidades que otras, por mucho esfuerzo que hagan, nuncá podrán tener. Pero tu mente, chico, ¡tu mente es muy débil!
- ¿Débil?
- Hace mucho tiempo, como te habrán contado, muchos planetas, sistemas, y galaxias se vieron involucrados en una fría guerra. Al cabo de un tiempo, ganó uno de los bandos, y se reestableció la paz.
- Sí, me han contado que ganó el bien.
- ¿El bien? ¡No me hagas reír!
- Lid no miente.
- Lid sí miente. Pero tu estás demasiado ciego para ver la realidad. Una vuelta a la realidad no te irá mal...
- ¡Noooo...!

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El sol entraba por la ventana, y justo a tiempo, las persianas automáticas se activaron para regular la luz de la habitación.

- ¿Qué ha pasado?

Su cuerpo era el que había sido. Sílox volvía a estar en su casa de su mundo. Era por la mañana. Probó a levantarse, a arreglarse, y a vestirse y salir a la calle. Todo el mundo seguía su rutina. "Parece que esten programados" se dijo. Hizo lo de siempre, aunque le resultaba un poco raro, y se fue a su casa.

Allí pasó el resto del día, encerrado. Cuando se hizo de noche, se puso a moderar el foro de siempre, cuando vio algo realmente extraño...

- ¡No puede ser!

Llevaba dormido casi un año. Según la fecha del foro de su último control, hacía 9 meses que no entraba.

- ¿Cómo es posible que me haya pasado 9 meses en cama? Esto no me gusta...

Empezó a preguntarse cosas, pero puesto que no sacaba nada en claro, decidió dejar la moderación para otro día, y empezó a escribir en su diario, el cual, también confirmaba la fecha.

- No sé que ha pasado, ni cómo he sobrevivido, pero sé que en el transcurso he conocido a unas personas muy especiales. Amigos que siempre estarán en mi corazón. Ahora te escribo a ti porque me encuentro solo, en un mundo en el que no soy nadie, un mundo que ha perdido el color, cuando el otro lo tenía todo. Necesito volver, pero no sé cómo. Te juro que volveré a ver a Lid y a Auri. No sé cómo, pero me gusta más la vida de los sueños que esta otra. Pero no parecía un sueño...

Así acabo la redacción de su diario, y acto seguido, se acostó.

21 de diciembre de 2008

Capítulo 24 - La pelea del bosque

El ambiente era tan denso que se podía cortar con un cuchillo: Nuestros tres amigos estaban allí, frente a uno de los misteriosos encapuchados, dispuestos a combatir. No obstante, aquél ser no llamaba a ningún arma. Todos estaban nerviosos: sabían que fallar les llevaría a la perdición.

- ¿A qué esperas? ¡Saca tu arma!
- Yo no necesito un arma...
- ¡No te hagas el chulo!
- ¡Basta! Las armas son algo creado por vosotros para intentar ser algo que nunca habéis podido ser. Sin vuestras "armas" no seríais nada. Os voy a demostrar que la lucha es algo más que un simple enfrentamiento de armas.

Todo el bosque empezó a vibrar. Hubo un pequeño seísmo en toda la ciudad, con su epicentro en el bosque. Cuando aquél hombre hubo acabado, polvo azul cubría toda la zona...

- Ahora vais a ver lo que es luchar de verdad.
- ¡Enséñanos lo que tienes!

El encapuchado empezó a moverse con una agilidad increíble. Saltaba po los árboles, usaba las rocas, todos los elementos del bosque eran útiles para él. Cuando quisieron darse cuenta Auri, Lid y Sílox, el encapuchado ya los había rodeado, dando vueltas a una velocidad de vértigo.

- ¿Qué hacemos? Es intocable...
- Nada es intocable, Sílox... si averiguamos la forma en que se mueve, podremos darle
- Pero Lid -dijo Auri-, no se me ocurre qué puede estar haciendo...

El grupo estaba formando un círculo, todos dándose la espalda, para intentar cubrirse por todas partes. Sin embargo, el encapuchado pasó al ataque: dio un salto desde una piedra enorme, y aterrizó en el centro de la formación con una fuerza increíble. Tanto, que dejó paralizados a nuestros amigos. Cuando tuvo la oportunidad, cogió a Sílox y, pegando un salto, se lo llevó a las alturas.

- ¡Sílox! -gritaron al unísono Auri y Lid-

Lo primero que hizo el encapuchado fue desarmarle. Sílox parecía poder flotar en el aire, y incluso luchar, pero el encapuchado tenía mucha más adaptabilidad a la no-gravedad. Una vez desarmado, repitió la operación de abajo: rodearle. Sílox se puso tan nervioso que empezó a atacar al aire, a ver si le daba. Pero siempre fallaba. En esos ataques, el joven usaba un poco de mana, porque si le daba, el golpe sería más contundente. Pero no funcionaba. Al instante, a Sílox le empezaron a llover ataques físicos de todo tipo. No sabía ni de dónde venían, ya que el enemigo era casi invisible.

- Le está matando, Lid...
- Ya lo sé.
- ¿Y no piensas hacer nada?

El encapuchado se paró. Ahora Sílox ya no podía moverse del dolor. El encapuchado llamó a la espada de Sílox, y ella apareció en su mano. La cogió en horizontal, y acto seguido le golpeó en la cabeza a Sílox con ella. Y él empezó a caer directo al suelo. En unos segundos, Sílox se encontraba moribundo en el suelo del bosque, frente a sus amigos. Tenía la ropa rasgada, moratones por todas partes, y empezaba a sangrar por la nariz y un corte en la cabeza causado por el golpe de la espada.

- ¡Es tu fin, Sílox! ¡El arma que tanto te ha ayudado causará tu muerte!

Y el encapuchado lanzó el arma en picado y hacia el corazón de Sílox.

- ¡Lid!
- ¡Certasis por!
- ¿Qué?

Las palabras de Lid crearon una pequeña pantalla invisible encima de Sílox, justo a tiempo para desviar el ataque del enemigo. La espada quedó clavada en el suelo.

- Me da igual que siga con vida. Por ahora está KO. Y quedáis vosotros dos.

El encapuchado descendió hacia el suelo.

- Sílox...
- No es momento de lamentarse ahora, Auri. Era demasiado para él.
- Aún no habéis visto nada, idiotas...

Lid estaba muy tenso mientras el encapuchado empezaba a bajar al suelo. Justo cuando lo tocó, del suelo salieron raíces gruesas, que ataron al enemigo al suelo.

- ¿Qué truco barato es este?
- Es un conjuro. Y bastante potente.
- ¡Tu hechicería no me causará daños!
- Puede que la mía no, pero la de Auri sí.
- ¿Qué?

Auri invocó al arco y a las flechas, y preparó un conjuro doble: gravedad con paro. Estas propiedades obligaban al enemigo a que no pudiera elevarse y además a estarse quieto, por lo que causaba una parálisis casi completa.

- Y como mis raíces te retienen, no podrás evadirte del ataque.
- ¡No!

Y la flecha salió disparada. Le dio, y desapareció. Y el enemigo quedó paralizado.

- Has usado el viejo truco de prisa. Consiste en cambiar el ambiente, e inundarlo de mana, para poder convertirte en energía, y poder correr sin ningún tipo de limitación. Pero una vez eliminado el ambiente, y retenido tu cuerpo, eres presa fácil.
- No creas qu habéis acabado conmigo. Me queda algo más.

Usó el teletransporte para liberarse de las raíces. Pero observó que ahora todo pesaba más, y que además sólo podía moverse lentamente.

- Me habéis paralizado, ¿eh? Bien. Por ahora ya habéis tenido bastante. Adios.
- ¡Espera!

Y el encapuchado se esfumó. Auri y Lid corrieron para reunirse con Sílox. Él seguía inmóvil, en el suelo. Ya había perdido bastante sangre.

- Le haremos una cura y lo llevaremos al hospital más cercano.
- Lid, con eso nos arriesgamos a...
- Sin él, estamos perdidos. Los encapuchados están aunmentando su poder, y su objetivo no es nosotros: es Sílox. Si lo dejamos así, la proxima vez sus ataques serán mortales. Esta vez casi lo han sido.
- ...está bien. Pero hagamos un teletransporte. Hemos corrido mucho para tener que volver a rehacer todo el camino.
- Sí.

Y una pequeña luz brilló entre la penumbra que el bosque reuperó al finalizar la pelea...

27 de noviembre de 2008

Capítulo 23 - Hortsord (II)

- El combate ha sido expectacular. Tu arco me ha dejado impresionado. No sabía que tuvieras algo tan potente en tu mano.
- Sí, bueno...
- Es más, todavía no me has dicho quién eres en realidad.
- Sílox, presta atención, no sea que te pierdas...

Auri estaba nerviosa. Sabía que Sílox sospechaba ya de todo. Ya no podrían controlarlo por mucho más tiempo. Aunque intentaba evitarlo, Sílox ya sabía demasiado. Suspiró, rezando para que todo saliera bien.

- Si me contestas a algo hoy -dijo-, ¿de dónde sale este laberinto?
- Este laberinto es parte de unas ruinas que tienen una antigüedad de tres milenios, más o menos.
- Vaya... ¿y qué se supone que esconden? Porque parecen un laberinto...

Auri se paró, se giró y miro a Sílox a los ojos.

- Tú ya lo sabes.
- ¿¡Qué?! Auri, basta de bromas...
- No es ninguna broma. Tú posees ese recuerdo. Pero está hundido en lo más profundo de tu ser.

Auri, que notó que ya había dicho demasiado, volvió a girarse y continuó caminando.

- ¡Esperame, Auri! -le dijo Sílox-

Caminaron durante varios minutos, entre callejones de lo más estrechos, húmedos y sucios. Daba la sensación de que la ciudad estaba edificada sobre las ruinas, pero a nadie se le había ocurrido mirar lo que había debajo antes de construir. Sílox ya empezaba a cansarse de todo esto. No sólo no obtenía respuestas, sino que sus amigos se estaban alejando de él. Y no había hecho nada.

- Auri... ¿he hecho algo mal?

Se pararon otra vez

- ¿Por qué dices eso?
- No sé... Lid se ha separado de nosotros, y estoy preocupado por él. Y a ti te hablo, pero tú no me respondes. Ya me dan igual las respuestas. Me da la sensación de que soy una carga para vosotros.
- ¡No hombre, no! Es sólo que...
- Es sólo que...¿qué?
- Pues que ahora no es el momento de preguntar. Tus dudas se desvanecerán pronto, pero no ahora.
- Bueno, está bien. Confío en ti.
- Sigamos pues.

Y continuaron andando durante una hora.

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- ¿Todo listo?
- Sí
- Perfecto...

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Al caer la noche, el cielo se quedó despejado. La luz de las dos lunas del planeta bañaba con cierta gracia la superficie del planeta, en especial la de la ciudad. Se acercaban al final. Sílox lo sabía porque podía observar unos débiles rayos de luz entrando por lo que posiblemente era una salida. Tras andar un poco más, confirmó sus sospechas: encontraron una salida dentro de un pequeño prado.

- Hemos llegado.
- ¿Dónde estamos?
- Seguimos en la ciudad, pero no en el centro.
- Ya sé que aún estamos en la ciudad. Pero nunca antes había estado aquí.
- ¿Tan pronto olvidas las cosas?
- ¿Qué quieres decir?

Auri se puso a señalar en dirección este. Sílox la entendió. Se puso a correr, a ver qué se encontraría allí. Tras llegar a la arboleda, traspasó un trozo de vegetación y un grito inundó toda la montaña.

- ¡No puede ser!

Lo era. Era la entrada a un bosque. El bosque que, tiempo atrás, le hizo tanto daño con el engaño de una sombra espejo.

- Así es, Sílox. Sabías de todo esto desde el principio. Te lo voy a explicar ya. Aquí tienes tus respuestas:
Todo ha ido bien desde hace mucho, cuando hubo una guerra imponente entre el bien y el mal. De eso hace ya muchos milenios. Muchos planetas, sistemas, y galaxias se vieron involucrados en ella. Por suerte, ganó el bien, y poco a poco pudimos reestablecer el orden y la paz. Pero desde hace un tiempo, ciertas personas, de las cuales no sabemos casi nada, amenazan con repetir tal conflicto.
- ¿Y qué tengo yo que ver con el bosque y con todo eso?
- Hubo alguien, una persona, que fue clave para nuestra victoria. Ese alguien poseía capacidades que traspasaban los límites de lo imaginable. Era fuerte, no se rendía. Era único. Y resulta que su arma era...
- ¡¿Hortsord?!
- Así es. Tienes en tus manos una espada milenaria. Esa espada ha acabado con muchas más cosas de las que te puedas imaginar. Pero ella, sola, no podía vencer al mal. Necesitaba la ayuda de ciertos conjuros que la potenciaban. El problema es que esta espada cayó, al final de la guerra, en manos de alguien que no debía, y casi nos destruyen. Menos mal que la persona de la que te hablo pudo arreglar todo eso y salvarnos en el último instante. Para que no se volviera a repetir, decidimos que la espada no podía tener tanto poder concentrado, y fue entonces cuando separamos todos sus poderes para que nunca más pudiera ser utilizada con fines malvados. Pero, además, la confinamos en una dimensión a la cual nadie tenía acceso,por si acaso.
-Sigo sin entender nada.
- Hace poco, descubrimos que las personas que amenazan con repetir la historia se estaban acercando a la espada, y pensamos que ya no era seguro tenerla allí. Necesitábamos un guardián.
- Ahora empiezo a entender todo esto.
- Sí... resulta que no sabíamos a quien acudir. Todos recuerdan, a través de la historia narrada por nuestros antepasados, cómo fue todo. Y nadie quiere que vuelva a pasar. Estábamos desesperados.
- Y entonces me buscásteis a mí.
- No fue exactamente así. Veras, cada 1000 años vuelven ciertas cosas que permiten, según cuenta la profecía, que pase esto de nuevo. Y resulta que el año 1000 más cercano es este que estamos viviendo. ¿Te acuerdas de las grutas?
- Claro que sí.
- Son grutas que, por lo normal, se acercarían a la capa volcánica del interior del planeta. Pero cada mil años, cuenta la profecía que ascienden hasta las capas exteriores, a la espera de un nuevo despertar. Con ellas viene la herramienta para llevar a cabo tal atrocidad. Pero tales grutas sólo tienen una entrada, y está en la ciudad.
- El candado del parque...
- Eso es. En realidad, es un sello mágico. A todos los planetas que la guerra les afectó, hubo que crearles uno, para evitar que el mal tuviera acceso otra vez a los elementos. Y la única cosa que podía abrirlos era Hortsord. Por eso temíamos por la espada y por todos sus poderes.
- ¿Y cómo me encontrasteis a mí?
- Lid estaba haciendo su sesión de espiritismo, cuando percibió una onda muy potente de un lugar muy lejano, casi del otro lado del universo, de las pocas zonas libres. Fue entonces cuando, a través de los sueños, te trajo aquí. Y fue entonces cuando te traspasamos a Hortsord.
- Vaya...
- ¿Qué estáis haciendo?

Lid apareció por detrás suya. En cuanto se acercó, se saludaron. Y Sílox le dijo a Lid

- Lo sé todo.
- Me alegra saberlo.
- Bueno, todo no. Si sabíamos venir al bosque por la ciudad, ¿por qué hemos recurrido a las grutas?
- ¿Te acuerdas de todo lo que nos ha estado atacando los últimos días?
- Sí.
- Son cosas provocadas por ellos. Todas han intentado acabar con alguno de nosotros, y si te fijas, todas han sido mientras ibamos por la ciudad. La única zona libre de su control son las grutas. Y recuerda, lo son porque fueron selladas para evitar su entrada.
- Pero, si las hemos abierto... ¿no corremos peligro?
- No, Sílox. Las grutas se abren con Hortsord, pero se cierran conforme son atravesadas.
- Eso quiere decir que sólo con Hortsord corren peligro.
- Así es. Es lo que te llevo diciendo todo el tiempo.
- Y los collares son entoces, los poderes de la espada. ¿Me equivoco?
- Para nada.
- Sílox, pero no todo acaba aquí. Esto es sólo el comienzo. ¿Recuerdas el sueño?

Sílox bajó la cabeza, y empezó a recordar. Rutas, ir corriendo, y de repente, una cueva...

- La cueva...
- Bien. Este bosque fue traido por ellos, como bien recordarás. Recuerda: no tienen a Hortsord. Pero ello no les impidió invadir los lugares sagrados donde residían los elementos y, además, llevárselos. Y los tienen presos de su control desde entonces. Y si lo han traído...
- ... es porque saben que tienen una cierta posibilidad conmigo. ¡Madre mía!
- Ahora eres consciente del problema. No obstante, esto también nos beneficia. Si conseguimos arrebatar del bosque el elemento, no les servirá de nada tenerlo, y lo restaurarán. Además de arreglar esto, claro...
- Por eso me han estado atacando. A mi y a vosotros. No eran más que formas de intentar arrancarnos a Hortsord.
- Bien. Ya estás listo. Ahora intenta recordar... ¿por dónde se iba a la cueva?
- ¿No lo sabéis?

Para sorpresa de Sílox, los dos negaron con la cabeza.

- El bosque antes era sagrado, pero si te fijas, ha sido corrompido por la oscuridad. No hemos tenido acceso a él. Sólo a su entrada, y ahora aquí.
- ¿Y por qué tengo yo que saber dónde está?
- En uno de tus sueños, nos contaste que habías recorrido, como sombra espejo, todo el bosque. Intenta recordar...

Hizo memoria, y entonces le vino todo. Acto seguido, los tres echaron a correr bosque a través, buscando con angustia la entrada a esa cueva. Tras diez minutos, la encontraron. La entrada estaba bloqueada, por medio de una roca enorme que parecía tener algo escrito en una lengua muy antigua.

Si la llave portas, descubrirás aquí la forma de alcanzar el control sobre todas las cosas, la norma por lo que todo se rige. Que este elemento y todo su conjunto caiga en las manos de aquel que sea merecedor de poseerlo. Esta puerta deberá ser abierta con la única herramienta que todo lo abre y todo lo vence.

- ¿Qué dice ahí, Lid?
- No lo recuerdo con exactitud, pero decía algo de que el poseedor de un conjunto se hará muy poderoso. Pensamos que se refiere a los elementos. Es la única solución. Ha llegado la hora de saberlo. Sílox, te enseñaré a añadir los poderes a la espada.
- Bien.

Tras un rato, Sílox lo aprendió todo.

- Úsalo para abrir eso.
- Entendido.

Sílox fusionó el colgante del palo con el de la llave y repitió la acción de Auri, esta vez por su propia mano, y contra la roca. Tras pasar lo mismo, la roca se desvaneció.

- ¡Por fin! ¡La puerta ha sido abierta!
- ¿Quién eres tú?

Un encapuchado rojo apareció ante la puerta.

- Alguien que estaba impaciente.
- ¡No te dejaremos pasar! -dijo Auri.-
- ¿Ah, no? ¿Quién me lo va a impedir?
- Nosotros.

Y todos se prepararon para lo que sería la batalla más difícil de todas.